miércoles, 3 de marzo de 2021

Fibromialgia: los beneficios del ejercicio físico

Mujer vestida de rojo.

La prevalencia en España es elevada y afecta al 2,45% de la población adulta, especialmente a mujeres de edad media.

La fibromialgia es una enfermedad más frecuente de lo que se piensa, aunque todavía existe cierto infradiagnóstico. 
Según datos de la Sociedad Española de Reumatología, la prevalencia en España es elevada y afecta al 2,45% de la  población adulta, especialmente a mujeres de edad media. La fibromialgia es una enfermedad caracterizada por  dolor crónico generalizado que el paciente localiza en el aparato locomotor. Por este motivo, los pacientes que sufren esta patología “tienen importantes limitaciones físicas como consecuencia del impacto sintomatológico”,   apunta a CuídatePlus Cristina Maestre Cascales, profesora de la Universidad Politécnica de Madrid y miembro del    Colegio Oficial de Licenciados de Educación Física y Ciencias de la Actividad Física y el Deporte de la Comunidad de  Madrid      .
El dolor y la fatiga que sienten las personas que padecen fibromialgia “son barreras importantes para participar  en actividades regulares, cotidianas y más aún si cabe, en actividades físico-deportivas”. Además, “el temor al dolor limita las actividades físicas voluntarias”. 
Todo esto hace que “la enfermedad se vea agravada aún más por un estilo de vida sedentario que conduce a una  disminución de las capacidades físicas (bajos niveles de flexibilidad, capacidad aeróbica, fuerza muscular, velocidad,   agilidad y equilibrio deteriorado) y aumento del riesgo de discapacidad”, señala la experta.
Es importante sñal  ar que la fibromialgia es una enfermedad que no tiene cura, aunque sí existen tratamientos   dirigidos a aliviar los síntomas físicos y psicológicos. Entre ellos, destaca el ejercicio físico que se ha convertido   en un aliado clave para mejorar la salud de estos pacientes. 
“Esta es una herramienta terapéutica muy empleada en estos pacientes y con excelentes resultados”, asegura   José Casaña Granell, director del Departamento de Fisioterapia de la Universitat de València y secretario general  del Consejo General de Colegios de Fisioterapeutas de España
Como indica Maestre, estos pacientes no sólo pueden hacer deporte sino que deben hacerlo, la cuestión es definir   cuánto y cómo. “No todo vale”,matiza. “Al igual que un fármaco no sirve para aliviar cualquier síntoma, no toda  práctica de actividad física es efectiva para mejorar todos los síntomas de la fibromialgia”. Por este motivo,   aconseja  en primer lugar acudir a expertos en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte que son “los que deben   prescribir   recetas de actividad física para cada síntoma que se quiere mejorar, coordinado con un equipo   multidisciplinar para   el manejo óptimo de estos síntomas (fisioterapeutas, médicos, psicólogos, nutricionistas,  etc)” y es que esta   patología “requiere de un proceso de retroalimentación y feedback entre expertos de diferentes   campos”.
Es importante, en todo el “tratamiento” deportivo “valorar al paciente, ver sus limitaciones físicas y susintomatología   y su experiencia previa con la actividad física”, explica Maestre. En función de eso, “se  pautarán ejercicios específicos, progresivos y graduales en frecuencia, volumen e intensidad”. 
La evidencia actual “muestra que los altos niveles de condición física se asocian a una mejor calidad de vida  en estos pacientes con esta enfermedad”, señala Maestre. Como afirma Casaña, “la realización de ejercicio de forma regular y con la intensidad adecuada, disminuye el impacto de la fibromialgia tanto en el estado físico  como el psicológico de estos pacientes, de forma que ayuda positivamente en su calidad de vida”.
El ejercicio físico en estos pacientes es tan importante que las recientes recomendaciones de la Liga Europa   contra el Reumatismo (European League Against Rheumatism, EULAR) “destacan el ejercicio físico como la única terapia con elevada evidencia científica”, tal y como indica Maestre.
Al igual que otras terapias, “el ejercicio físico terapéutico también tiene sus beneficios, y son numerosos, entre ellos, mejora la calidad del sueño, mejora el bienestar físico, reduce el dolor, incrementa la autoestima, etc…”, informa Casaña.
Así, por ejemplo, según Maestre, diferentes estudios “han demostrado que la intensidad del dolor disminuye a través de programas aeróbicos, de fuerza y flexibilidad”. En cuanto a la calidad del sueño, esta mejora “a través de un programa de entrenamiento de fuerza gradual distribuido en 3 fases progresivas de autocarga (con el propio peso), trabajo con material de resistencia y cargas externas”. 
En relación a la ansiedad, otro de los síntomas asociados a la fibromialgia, Maestre indica que “diversos estudios han señalado que mejora significativamente a través de programas de flexibilidad y elongación/amplitud articular, programas meditativos, como el Tai Chi, y/o programas de fuerza combinado con terapias cognitivo-conductuales”.
Sobre la fatiga, el ejercicio físico “podría disminuir este síntoma gracias al trabajo de fuerza progresivo de no más del 60% de intensidad”, añade Maestre.
Es importante señalar que la fibromialgia es una enfermedad crónica, por lo que las personas que la padecen vivirán con ella toda su vida. Lo bueno del ejercicio físico es que ayuda a mejorar los síntomas e, incluso, puede ayudar a espaciar los brotes que padecen los pacientes. El impacto de su práctica es tal que “puede ayudar a disminuir el número de fármacos”, comenta Maestre en base a su experiencia con pacientes que padecen la enfermedad.
Además, añade, “hacer ejercicio físico en grupo también tiene un componente social muy importante y determinante en la mejora de los síntomas psicológicos de esta patología llegando a disminuir la dosis de fármacos, como antidepresivos y opiáceos”.
Otro beneficio fundamental del ejercicio físico es que “reduce el impacto de los brotes en número e intensidad, un aspecto positivo para el manejo de la patología”.
Tipo de ejercicio
En cuanto a qué tipo de ejercicio físico es mejor para estos pacientes, ambos expertos recalcan la importancia de una combinación entre ejercicios aeróbicos y de fuerza, aunque no se puede generalizar ya que cada persona tiene unos síntomas. “No podemos diseñar recetas “únicas” para todos los pacientes diagnosticados de fibromialgia puesto que los programas deben diseñarse como un resultado específico, considerando todas las características detalladas anteriormente”, recuerda Maestre.
Según Casaña, las líneas de actuación deben ir encaminadas a:
Ejercicios de fuerza. El objetivo es lograr un fortalecimiento y potenciación muscular. Para realizar estos ejercicios los pacientes pueden emplear, gomas elásticas, mancuernas o su propio peso corporal. El programa deberá ir dirigido a grandes grupos musculares e intentando reproducir movimientos diarios. La frecuencia recomendable será de, al menos, 3 días a la semana y cada ejercicio realizarlo entre 10- 15 repeticiones                             

                                                                                                       
Ejercicios de resistencia. Su finalidad es la mejora de la fatiga y cansancio que suelen presentar estos pacientes. Estos ejercicios pueden realizarse mediante acciones como bailar, caminar o ejercicios en agua caliente (temperatura entre 30 a 35º C)


  Ejercicios de mejora del rango articular. Estos ejercicios pueden ayudar a relajar la musculatura más contracturada. Se deberán realizar mediante estiramientos musculares mantenidos de entre 15-25 segundos y un total de 3 a 5 retenciones de cada estiramiento. Estos ejercicios deben realizarse de forma muy suave y sin llegar a los límites del rango articular y con una frecuencia de 3 a 4 días a la semana.
Ejercicios menos indicados
Los beneficios del ejercicio físico en pacientes con fibromialgia son muchos y muy diferentes, sin embargo, puede haber casos en los que no sea recomendable. “Es cierto que el ejercicio induce analgesia endógena, por lo que algunos pacientes con fibromialgia con  una disfunción en el sistema de respuesta al estrés debido a una alteración del eje hipotalámico, podrían no beneficiarse del ejercicio ya que podría llegar a aumentarles el dolor y la fatiga en las primeras ocho semanas”. Por este motivo es fundamental la personalización ya que, en estos casos, “se recomendará aplicar gran variabilidad de programas a diferentes intensidades que podrían adaptarse a distintos perfiles clínicos”.
También es importante, como indica Casaña, “descartar cualquier patología que contraindique la práctica del ejercicio, así como tener en cuenta el tratamiento farmacológico que están siguiendo ya que este síndrome, al igual que otros, “puede presentarse de diferente forma en cada paciente”.
Por ello, “dependiendo de las limitaciones que presente el paciente (dolor, fatiga, ansiedad, depresión…) se aconsejarán un tipo de acciones u otras”, por ejemplo, en los casos “moderados o severos, se instaurará un programa de ejercicios con bajas intensidades y de forma gradual”.
Lo que sí suelen desaconsejar los expertos, de forma general, “los deportes donde haya una elevada frecuencia de entrenamiento  y de contacto físico y que se exijan intensidades máximas para practicarlo”, indica Casaña. En opinión de Maestre, “los programas de alta intensidad, por encima del 80%, no están aconsejados”. Además, “estudios científicos han demostrado que se debe evitar los ejercicios con contracción isométrica y excéntrica ya que puede incrementar las mialgias y como consecuencia, agravar la hipersensibilidad a nivel central”, concluye.

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