La prevalencia en España es elevada
y afecta al 2,45% de la población adulta, especialmente a mujeres de edad
media.
La fibromialgia es una enfermedad más
frecuente de lo que se piensa, aunque todavía existe cierto
infradiagnóstico.
Según datos de la Sociedad Española de Reumatología, la
prevalencia en España es elevada y afecta al 2,45% de la población
adulta, especialmente a mujeres de edad media. La fibromialgia es una enfermedad
caracterizada por dolor crónico generalizado que el paciente localiza en
el aparato locomotor. Por este motivo, los pacientes que sufren esta
patología “tienen importantes limitaciones físicas como consecuencia del
impacto sintomatológico”, apunta a CuídatePlus Cristina
Maestre Cascales, profesora de la Universidad Politécnica de Madrid y miembro
del Colegio Oficial de
Licenciados de Educación Física y Ciencias de la Actividad Física y el Deporte
de la Comunidad de Madrid
.
El dolor y la fatiga que sienten las personas que padecen
fibromialgia “son barreras importantes para participar en
actividades regulares, cotidianas y más aún si cabe, en actividades
físico-deportivas”. Además, “el temor al dolor limita las actividades
físicas voluntarias”.
Todo esto hace que “la enfermedad se vea agravada aún más por un estilo de
vida sedentario que conduce a una disminución de las capacidades
físicas (bajos niveles de flexibilidad, capacidad aeróbica, fuerza muscular,
velocidad, agilidad y equilibrio deteriorado) y aumento del riesgo
de discapacidad”, señala la experta.
Es importante sñal ar que la
fibromialgia es una enfermedad que no tiene cura, aunque sí existen
tratamientos dirigidos a aliviar los síntomas físicos y
psicológicos. Entre ellos, destaca el ejercicio físico que se ha
convertido en un aliado clave para mejorar la salud de estos
pacientes.
“Esta es una herramienta terapéutica muy empleada en estos pacientes y con
excelentes resultados”, asegura José Casaña Granell, director del Departamento
de Fisioterapia de la Universitat de València y secretario general del Consejo General de Colegios de Fisioterapeutas de España.
Como indica Maestre, estos pacientes no sólo pueden hacer deporte sino que
deben hacerlo, la cuestión es definir cuánto y cómo. “No todo
vale”,matiza. “Al igual que un fármaco no sirve para aliviar cualquier síntoma,
no toda práctica de actividad física es efectiva para mejorar todos los
síntomas de la fibromialgia”. Por este motivo, aconseja en
primer lugar acudir a expertos en Ciencias de la Actividad Física y del
Deporte que son “los que deben prescribir recetas
de actividad física para cada síntoma que se quiere mejorar, coordinado con un
equipo multidisciplinar para el manejo óptimo de estos
síntomas (fisioterapeutas, médicos, psicólogos, nutricionistas, etc)” y
es que esta patología “requiere de un proceso de retroalimentación
y feedback entre expertos de diferentes campos”.
Es importante, en todo el “tratamiento” deportivo “valorar al paciente, ver sus
limitaciones físicas y susintomatología y su experiencia previa con
la actividad física”, explica Maestre. En función de eso, “se pautarán
ejercicios específicos, progresivos y graduales en frecuencia, volumen e
intensidad”.
La evidencia actual “muestra que los altos niveles de condición física se
asocian a una mejor calidad de vida en estos pacientes con esta
enfermedad”, señala Maestre. Como afirma Casaña, “la realización de ejercicio
de forma regular y con la intensidad adecuada, disminuye el impacto de la
fibromialgia tanto en el estado físico como el psicológico de estos
pacientes, de forma que ayuda positivamente en su calidad de vida”.
El ejercicio físico en estos pacientes es tan importante que las recientes
recomendaciones de la Liga Europa contra el Reumatismo (European
League Against Rheumatism, EULAR) “destacan el ejercicio físico como la
única terapia con elevada evidencia científica”, tal y como indica Maestre.
Al igual que otras terapias, “el ejercicio físico terapéutico también tiene sus
beneficios, y son numerosos, entre ellos, mejora la calidad del sueño,
mejora el bienestar físico, reduce el dolor, incrementa la autoestima, etc…”,
informa Casaña.
Así, por ejemplo, según Maestre, diferentes estudios “han demostrado que la
intensidad del dolor disminuye a través de programas aeróbicos, de fuerza y
flexibilidad”. En cuanto a la calidad del sueño, esta mejora “a través de un
programa de entrenamiento de fuerza gradual distribuido en 3 fases progresivas
de autocarga (con el propio peso), trabajo con material de resistencia y cargas
externas”.
En relación a la ansiedad, otro de los síntomas asociados a la
fibromialgia, Maestre indica que “diversos estudios han señalado que mejora
significativamente a través de programas de flexibilidad y
elongación/amplitud articular, programas meditativos, como el Tai Chi, y/o
programas de fuerza combinado con terapias cognitivo-conductuales”.
Sobre la fatiga, el ejercicio físico “podría disminuir este síntoma
gracias al trabajo de fuerza progresivo de no más del 60% de intensidad”, añade
Maestre.
Es importante señalar que la fibromialgia es una enfermedad crónica, por
lo que las personas que la padecen vivirán con ella toda su vida. Lo bueno
del ejercicio físico es que ayuda a mejorar los síntomas e, incluso, puede
ayudar a espaciar los brotes que padecen los pacientes. El impacto de su práctica
es tal que “puede ayudar a disminuir el número de fármacos”, comenta Maestre en
base a su experiencia con pacientes que padecen la enfermedad.
Además, añade, “hacer ejercicio físico en grupo también tiene un componente
social muy importante y determinante en la mejora de los síntomas
psicológicos de esta patología llegando a disminuir la dosis de fármacos,
como antidepresivos y opiáceos”.
Otro beneficio fundamental del ejercicio físico es que “reduce el impacto de
los brotes en número e intensidad, un aspecto positivo para el manejo de la
patología”.
Tipo de ejercicio
En cuanto a qué tipo de ejercicio físico es mejor para estos
pacientes, ambos expertos recalcan la importancia de una combinación entre
ejercicios aeróbicos y de fuerza, aunque no se puede generalizar ya que
cada persona tiene unos síntomas. “No podemos diseñar recetas “únicas” para
todos los pacientes diagnosticados de fibromialgia puesto que los programas
deben diseñarse como un resultado específico, considerando todas las
características detalladas anteriormente”, recuerda Maestre.
Según Casaña, las líneas de actuación deben ir encaminadas a:
Ejercicios de fuerza. El objetivo es lograr un fortalecimiento y potenciación
muscular. Para realizar estos ejercicios los pacientes pueden emplear, gomas
elásticas, mancuernas o su propio peso corporal. El programa deberá ir dirigido
a grandes grupos musculares e intentando reproducir movimientos diarios. La
frecuencia recomendable será de, al menos, 3 días a la semana y cada ejercicio
realizarlo entre 10- 15 repeticiones
Ejercicios de resistencia. Su finalidad es la mejora de la fatiga y cansancio
que suelen presentar estos pacientes. Estos ejercicios pueden realizarse
mediante acciones como bailar, caminar o ejercicios en agua caliente
(temperatura entre 30 a 35º C)
Ejercicios de mejora del rango articular. Estos ejercicios pueden
ayudar a relajar la musculatura más contracturada. Se deberán realizar mediante
estiramientos musculares mantenidos de entre 15-25 segundos y un total de 3 a 5
retenciones de cada estiramiento. Estos ejercicios deben realizarse de forma
muy suave y sin llegar a los límites del rango articular y con una frecuencia
de 3 a 4 días a la semana.
Ejercicios menos indicados
Los beneficios del ejercicio físico en pacientes con fibromialgia son muchos y
muy diferentes, sin embargo, puede haber casos en los que no sea recomendable.
“Es cierto que el ejercicio induce analgesia endógena, por lo que algunos
pacientes con fibromialgia con una disfunción en el sistema de respuesta
al estrés debido a una alteración del eje hipotalámico, podrían no beneficiarse
del ejercicio ya que podría llegar a aumentarles el dolor y la fatiga en las
primeras ocho semanas”. Por este motivo es fundamental la
personalización ya que, en estos casos, “se recomendará aplicar gran
variabilidad de programas a diferentes intensidades que podrían adaptarse a
distintos perfiles clínicos”.
También es importante, como indica Casaña, “descartar cualquier patología que
contraindique la práctica del ejercicio, así como tener en cuenta el
tratamiento farmacológico que están siguiendo ya que este síndrome, al igual
que otros, “puede presentarse de diferente forma en cada paciente”.
Por ello, “dependiendo de las limitaciones que presente el paciente (dolor,
fatiga, ansiedad, depresión…) se aconsejarán un tipo de acciones u otras”,
por ejemplo, en los casos “moderados o severos, se instaurará un programa de
ejercicios con bajas intensidades y de forma gradual”.
Lo que sí suelen desaconsejar los expertos, de forma general, “los deportes
donde haya una elevada frecuencia de entrenamiento y de contacto físico y
que se exijan intensidades máximas para practicarlo”, indica Casaña. En opinión
de Maestre, “los programas de alta intensidad, por encima del 80%, no están
aconsejados”. Además, “estudios científicos han demostrado que se debe evitar
los ejercicios con contracción isométrica y excéntrica ya que puede incrementar
las mialgias y como consecuencia, agravar la hipersensibilidad a nivel
central”, concluye.
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